QUE TRISTE, VENEZUELA LLEGO AL LIMITE: DEJAN A SUS HIJOS EN ORFANATOS POR NO PODER ALIMENTARLOS..

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Venezuela llegó al límite: dejan a sus hijos en orfanatos por no poder alimentarlos

El desespero de las familias en Venezuela no tiene límites. Ante las tasas crecientes de pobreza, el hambre, la falta de medicinas, y el clima asfixiante de una la crisis económica que no tiene fin, algunos padres ya no pueden soportar más esta situación y están haciendo algo desgarrador: entregar a sus hijos.

El diario The Washington Post se adentró en esta realidad, hizo un reporte con los protagonistas de esta desgarradora realidad:

“¿Te gustaría ver a los pequeños?” preguntó Magdelis Salazar, una trabajadora social, haciéndome señas hacia un patio lleno de gente.

“Estábamos en el orfanato más grande de Venezuela y era la hora después del almuerzo. El patio era una carrera de obstáculos con niños abandonados”.

(Niños durmiendo en Hogar Bambi, el segundo orfanato privado más grande de Venezuela)

Uno de ellos, de unos 3 años, estaba sentado en una patineta. Le decían “El Gordo” (ahora es uno de los más “gordos” del lugar). Pero cuando lo dejaron aquí, hace unos meses, era un manojo de huesos.

“La gente no puede encontrar comida”, dijo Salazar. “No pueden alimentar a sus hijos, los están entregando no porque no los quieran, sino porque los aman”.

The Washington Post solicitó poder ingresar en los orfanatos administrados por el gobierno “socialista”, pero no recibieron respuesta.

Un funcionario de protección de menores, les advirtió de las condiciones devastadoras, y aseguró que esa visita sería algo “imposible” de realizar.

Por otra parte, algunos centros de crisis para niños administrados por entidades privadas tienen miedo de dejar pasar a un periodista porque podría dañar las delicadas relaciones con el régimen de Nicolás Maduro.

“Fundana” es un imponente complejo de cemento construido en lo alto de una colina al sureste de Caracas. La familia de Rachelle Krygier había fundado allí el orfanato sin fines de lucro en 1991.

La madre de Rachelle sigue estando al frente de la junta directiva.

Rachelle fue voluntaria hace una década, cuando era estudiante, y los niños que estaban en ese lugar habían sido víctimas de abuso o negligencia.

En Venezuela no existen estadísticas oficiales sobre cuántos niños son abandonados o enviados a orfanatos por sus padres por razones económicas. Pero las entrevistas con funcionarios de Fundana y otras nueve organizaciones privadas y públicas que manejan niños en crisis sugieren que los casos se cuentan entre cientos o más a nivel nacional.

En el 2017, Fundana recibió aproximadamente 144 solicitudes para dejar niños en sus instalaciones, en comparación con las 24 de 2016.

“No sabía qué más hacer”, decía Angélica Pérez, una madre de tres hijos de 32 años, con lágrimas en sus ojos, según The Washington Post.

Una tarde, se presentó en Fundana con su hijo de tres años, y sus dos hijas, de 5 y 14 años.

Había perdido su trabajo de costurera hacia unos meses, además su hija menor enfermó gravemente en diciembre y el hospital público no tenía medicamentos.

Ella no quería desprenderse de ellos de forma permanente, solo quería dejar a los niños en el centro, donde sabía que serían alimentados, para poder viajar a la vecina Colombia para buscar trabajo.

“Esperaba que finalmente pudiera recuperarlos”.

Por lo general, a los niños se les permite permanecer en Fundana de seis meses a un año antes de ser asignados en hogares especiales o en adopción.

“No sabes lo que es ver a tus hijos pasar hambre”, me confesaba Pérez. “No tienes idea. Siento que soy responsable, como si les hubiera fallado. Pero lo he intentado todo. No hay trabajo y en poco tiempo se quedan súper delgados”, relataba.

Venezuela está en una profunda recesión desde 2014, golpeada por una caída mundial de los precios del petróleo y por años de mala gestión económica. La crisis ha empeorado en los últimos meses.

Una investigación de Caritas encontró que el porcentaje de niños menores de cinco años que carecían de una nutrición adecuada había aumentado hasta el 71 por ciento en diciembre.

El Ministerio de Bienestar Infantil de Venezuela no respondió a las solicitudes de comentarios sobre el fenómeno de niños abandonados o enviados a orfanatos a consecuencia de la crisis.

Aunque Venezuela tiene desde hace años una red de instituciones públicas para niños vulnerables, los trabajadores de bienestar infantil dicen que las instituciones están colapsando y que algunos corren el riesgo de cerrar debido a la escasez de fondos y otros están en situación crítica porque carecen de recursos.

Debido a ello, cada vez más, los padres dejan a sus hijos en las calles.

Un funcionario de bienestar infantil de El Libertador, una de las zonas más pobres de la capital, calificó de “catastrófica” la situación en los orfanatos públicos y los centros de atención temporal.

“Aquí tenemos graves problemas”, dijo el funcionario, que habló bajo condición de anonimato por temor a las represalias del gobierno autoritario. “Definitivamente hay más niños abandonados. No es solo que haya más, sino que sus condiciones de salud y nutrición son mucho peores. No podemos ocuparnos de ellos”, explica.

Con el sistema público colapsado, la carga recae cada vez más en las instalaciones privadas administradas por organizaciones sin fines de lucro y organizaciones benéficas.

Leornardo Rodríguez, por ejemplo, controla una red de 10 orfanatos y centros de atención en todo el país.

En el pasado los niños que llegaban a sus centros casi siempre procedían de hogares donde habían sufrido abuso físico o mental, pero el año pasado, recibieron docenas de llamadas de mujeres desesperadas que iban a dar luz a sus hijos y estaban preocupadas por la alimentación de los recién nacidos.

La demanda es tan alta que algunas de sus instalaciones ahora tienen listas de espera.

Ante esta situación Fundana abrió una segunda instalación en Caracas con la ayuda de donantes privados.

En Bambi House, el segundo orfanato privado más grande de Venezuela, las solicitudes de colocación aumentaron en un 30 por ciento el año pasado, según Erika Pardo, su fundadora.

“Las familias que acogen a niños están pidiendo niños mayores porque los pañales y los medicamentos son imposibles de encontrar o son muy caros”, lamentó. En esa línea, el número de mujeres embarazadas que buscan poner a sus hijos en adopción también está incrementando considerablemente.

José Gregorio Hernández es dueño de una de las principales agencias de adopción de Venezuela, Pro adopción.

Según dijo, en el año 2017 su organización recibió de 10 a 15 solicitudes mensuales de mujeres embarazadas que deseaban dar a luz a sus bebés, en comparación con una o dos solicitudes por mes en 2016. Abrumado ante tanta demanda, la organización tuvo que rechazar a la mayoría de las mujeres. Aceptó 50 niños en 2017, frente a los 30 que había acogido en 2016.

Dayana Silgado, de 28 años, en noviembre entregó a sus dos hijos más pequeños a Fundana tras perder su trabajo como limpiadora municipal por culpa de los recortes presupuestarios de la ciudad.

Ella sabía que en el centro sus hijos recibirían tres comidas al día.

Como Fundana no acepta niños mayores, Silgado aún hace lo imposible por alimentar a sus dos hijos mayores, de 8 y 11 años, en su casa.

La leche, las sardinas y la pasta gratuitas ofrecidas por el centro ayudaron de alguna manera. Sin embargo, no era suficiente.

Después de cenar, según cuenta Silgado, sus hijos le dicen: “Mamá, quiero más”.

“Pero no tengo nada más que ofrecerles”, lamentanle.

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